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Los Anunnaki: la conexión Perú VIII (la primera pista)

La reconstrucción de la historia sobre la posible presencia Anunnaki en el Perú empieza a tomar forma y cobrar sentido como una cronología alternativa a la historia oficial. Una pista pérdida entre las páginas de uno de los libros del reconocido y polémico estudioso de la cultura sumeria, Zecharia Sitchin, nos entrega importantes claves para seguir tras las huellas de los Anunnaki en el antiguo Perú.

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Anunnaki, Peru, extraterrestres, teshub, Wiracocha, Tiahuanaco

Representación hiita del dios Teshub. (Composición Gráfica: Alan Brain)

Este no es simplemente un capitulo más en la saga de los Anunnaki en el Perú. Una saga que continua abriendo puertas a nuevas interpretaciones sobre el enigmático pasado de las culturas del antiguo Perú.

La reconstrucción de la historia sobre la posible presencia Anunnaki en el Perú empieza a tomar forma y cobrar sentido como una cronología alternativa a la historia oficial. Una pista pérdida entre las páginas de uno de los libros del reconocido y polémico estudioso de la cultura sumeria, Zecharia Sitchin (1920-2010), nos entrega importantes claves para seguir tras las huellas de los Anunnaki en el antiguo Perú.

Un libro olvidado

Zecharia Sitchin propone a través de sus obras que muchas de las culturas antiguas de Sudamérica y del Mediterráneo tuvieron contacto con una especie de seres extraterrestres conocida como los Anunnaki.

Los Divulgadores creíamos conocer al detalle cada uno de los libros escritos por el investigador hebreo pero hace unos días descubrimos un extraño libro al que no le habíamos prestado la atención que merece: Viajes al pasado mítico, Expediciones de las Crónicas de la Tierra, Volumen 2.

Este es un libro en el que Zecharia Sitchin narra sus aventuras siguiendo las huellas de los Anunnaki alrededor del planeta. Acompañado de un grupo de estudiantes y amigos, Sitchin visita Egipto, Perú, Turquía, y otros lugares en los que existen restos arqueológicos involucrados en la epopeya de los Anunnaki. En cada lugar, nuevos hallazgos propulsan la mente del investigador hacia observaciones que, muchas veces, brillan por su simpleza. Escondida entre las páginas de este libro, se encuentra la singular teoría de Sitchin sobre el significado de la Puerta del Sol.

 

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A la izquierda, el libro de Zecharia Sitchin, Viajes al mítico pasado, Expediciones de las Crónicas de la Tierra, Volumen 2. A la derecha, el señor de los báculos de la Puerta del Sol.

La legendaria Puerta del Sol de la cultura Tiahuanaco ha sido y sigue siendo objeto de numerosas especulaciones y conjeturas sobre su origen. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones ha logrado convencer plenamente a la comunidad científica y menos aún a quienes buscamos la verdad sin temor de proponer una visión alternativa a la oficial.

En artículos anteriores, Los Divulgadores hemos esbozado la posibilidad de que el personaje central de la Puerta del Sol, conocido como el señor de los báculos, sería uno de los jefes Anunnaki que llegó a tierras sudamericanas en busca de oro y que, quizás a manera de homenaje, fue representado por los pobladores tiahuanacotas en el monumento de piedra. Este podría ser el mismo personaje que los incas conocieron como el dios Wiracocha.

Para Zecharia Sitchin, la llamada Puerta del sol no es sino una representación de Teshub, personaje legendario de la mitología hitita, que, según el investigador, fue un extraterrestre Anunnaki que se convirtió en el dios principal de este pueblo de navegantes del Asia Menor.

Como en la mayoría de los casos, el iconoclasta Sitchin atiza la polémica contra el paradigma histórico presentando una prueba simple pero contundente: la iconografía del dios Teshub es muy similar a la que se aprecia en la Puerta del Sol.

Vale la pena explorar esta teoría y tratar de completar algunas de las conjeturas de su creador.

 

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La Puerta del Sol de Tiahuanaco en 1877. (Fotografía por Georges B. Von Grumbkow)

Tiahuanaco en las crónicas

Antes de explorar las similitudes iconográficas planteadas por Sitchin, necesitamos remontarnos a los cronistas de la conquista en busca de indicios sobre la identidad del personaje representado en la Puerta del Sol.

El cronista español Pedro Cieza de León (1518-1554), quién viajó por la actual Bolivia entre el año 1532 y el 1550 es el primero en observar los extraordinarios monumentos líticos en la región:

“Piedras de tan enorme tamaño que causa admiración pensar en ellas, y reflexionar qué fuerza humana pudo moverlas hasta el lugar en donde las vemos, siendo tan grandes….no alcanzo a comprender con qué instrumentos o herramientas se puede haber hecho, pues es bien cierto que, para que estas grandes piedras se pudieran llevar a la perfección y dejarlas como las vemos, las herramientas tuvieron que ser mucho mejores que las que utilizan ahora los indios.”

Si bien en el párrafo anterior Cieza de León da fe del nivel tecnológico de quienes construyeron los monumentos de Tiahuanaco, el soldado cronista no se refiere a la Puerta del Sol ni nos entrega detalles sobre quién podría haber sido representado en la misma.

En otro momento de su crónica, Cieza de León hace referencia a la tradición que indica que los monumentos de piedra de Tiahuanaco fueron construidos en honor al dios Wirachoca:

“Y este ydolo no es tan creçido ni abultado como los questán en Tiaguanaco hechos a renenbrança de Tiçi Viracocha”.

 

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Por alguna razón que no conocemos aún, el nombre “la Puerta del Sol” paso desapercibido para los cronistas de la conquista. (Composición Gráfica: Alan Brain)

Otra posible referencia al posible creador de la Puerta del Sol nos la presenta al cronista Pedro Sarmiento de Gamboa (1532-1592):

“…y hiciesen en Tiaguanaco los edificios, cuyas ruinas agora se ven, para morada de Viracocha, su hacedor,…”

Es decir, según la tradición Inca que recogió Sarmiento de Gamboa, el creador de esos monumentos, que incluían a la Puerta del Sol, era Wiracocha. Por consiguiente, el personaje representado tendría que ser Wiracocha.

El cronista Cristóbal de Molina, “el cusqueño” (1529-1585), también menciona al posible creador de los monumentos de Tiahuanaco:

“En Tiahuanaco, el Hacedor, wiracocha, empeçó hazer las jentes y naciones que en esta tierra…”

A estos cronistas podemos agregar a Juan de Betanzos, Garcilaso de la Vega, entre otros, quienes también mencionan el nombre de Wiracocha asociado a Tiahuanaco pero no hacen referencia a la “Puerta del Sol”.

Entonces, si ninguna crónica menciona un monumento de piedra llamado la “Puerta de Sol”, ¿por qué se denomina burdamente como “Puerta del Sol” al monumento siempre asociado a Wiracocha y que podría guardar las claves de la civilización tiahuanacota?

La única explicación que se nos ocurre para que se haya bautizado al monumento lítico como la “Puerta del Sol” es que cuando los Incas conquistaron la región de Tiahuanaco impusieron su dios, el Sol, a los habitantes de Tiahuanaco sin eliminar el culto a los dioses locales.

 

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Personaje central de la Puerta del Sol de Tiahuanaco.

El antiguo monumento que representaba al dios Wiracocha construido por los habitantes de Tiahuanaco, se dedicó, en época de los Incas, al dios Sol y luego poco a poco fue pasando a la historia como la “Puerta del Sol”. Esta tradición que ha llegado hasta nuestra época como una verdad histórica parece haber perdurado en el tiempo sin haber sido recogida por los cronistas españoles.

Como vemos, desde su descubrimiento, la Puerta del Sol fue motivo de polémica y lleva un nombre que no representa la verdad sobre sus orígenes.

Después de haber visto que el personaje central de la puerta no es el Sol sino el dios Wiracocha, podemos explorar la hipótesis de Zecharia Sitchin.

Un Anunnaki en la Puerta del Sol

Como explicamos líneas atrás, Sitchin sostiene que la enigmática figura del señor de los báculos de la Puerta del Sol es un Anunnaki que fue conocido por los Hititas como el dios Teshub:

“El interés principal en la Puerta del Sol son las imágenes grabadas en la piedra…estos grabados son dominados por la gran figura central del dios Viracocha sosteniendo un relámpago bifurcado en dos como su símbolo….Estos grabados me sirvieron de pistas puesto que claramente emulaban los grabados de piedra que yo había visto en las ruinas hititas de Anatolia, que representaban al dios Teshub y sus emisarios angélicos, con obvias similitudes entre las imágenes de la Puerta del Sol y las hititas.”

Sitchin presenta dos simples comparaciones iconográficas para sustentar su teoría.

 

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A la izquierda, la supuesta representación de Wiracocha. A la derecha, la representación del dios Teshub.

En la primera (imagen de arriba), Sitchin compara al Dios Teshub con el personaje central de la Puerta del Sol. Teshub, en la mayoría de sus representaciones hititas, sostiene un tridente en una mano y un hacha en la otra. El dios Wiracocha representado en la piedra de Tiahuanaco, lleva en cada mano una especie de báculo. La única diferencia entre estos dos báculos es que uno de ellos se bifurca en la parte superior. Ambos tienen, en la parte inferior, la cabeza de lo que parece ser un ave puesto que tiene un pico y algo parecido a un penacho .

Si rotamos los báculos sobre su eje y los observamos horizontalmente, se hace claro su parecido al de una serpiente. Si le agregamos el penacho podríamos calificarlo como una serpiente emplumada. Esto podría tener una serie de ecos en la cultura Maya que, en nuestra teoría, podría haber tomado esta temprana representación iconográfica y desarrollarla.

Cabe preguntarse ¿Sitchin solo ha basado su comparación en que los dos personajes llevan un objeto en cada mano? y que ¿en una de ellas un personaje lleva un tridente y el otro un cetro que se bifurca?

Solo a primera vista.

Teshub lleva un tridente y un hacha pequeña. No estaría demás pensar que para Zecharia Sitchin los dos objetos que lleva el personaje de Tiahuanaco son hachas con una hoja pequeña. El penacho de la cabeza de la serpiente que adorna la parte inferior de ambos báculos del personaje de Tiahuanaco podría ser una forma simbólica de representar la hoja de un hacha.

Además, Sitchin relaciona a Teshub, quién era conocido por los Hititas y Sumerios como el dios de la tormenta, con la forma de relámpago que tiene el báculo bifurcado que lleva el personaje de la Puerta del Sol en una de sus manos.

 

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Vista horizontal de los objetos que lleva el personaje central de la Puerta del Sol en las manos.

La segunda comparación de Sitchin es mucho más contundente.

Zecharia Sitchin compara uno de los 48 personajes alados que acompañan a la figura central de la Puerta del Sol con uno de los emisarios alados que, según él, acompañan a Teshub en varias representaciones iconográficas hititas.

El parecido es tan evidente que poco se puede agregar. Ambos personajes llevan una especie de corona o penacho en la cabeza, son alados, y tienen algo parecido a un cetro en la mano.

Aunque la historia oficial se rehúse a tratar de explicarlo, aquí no hay espacio para la imaginación y menos aún para el azar.

Los Divulgadores hemos tratado de encontrar otras representaciones iconográficas hititas en la que aparezcan estos emisarios angélicos de Teshub pero no lo hemos logrado. Tampoco hemos logrado identificar el monumento lítico en el que Zecharia Sitchin encontró las figuras de los emisarios angélicos.

Sin embargo, esto no necesariamente significa que las representaciones de los emisarios de Teshub no existan. Esto simplemente nos da una idea de la profunda investigación que realizó Sitchin, la cual se hace evidente en la cantidad y calidad bibliográfica de sus obras.

Si Sitchin tuviera razón, esto implicaría que los Hititas, pueblo que vivió en lo que es hoy la península de Anatolia en Turquía, tuvieron contacto con la cultura Tiahuanaco.

 

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Arriba, los emisarios angélicos que acompañan a Teshub. Abajo, los emisarios alados que rodean al Wiracocha de la Puerta del Sol.

Habría que tomar en cuenta que una relación con el pueblo hitita involucra a la cultura sumeria, cuyos escritos relatan la epopeya Anunnaki, ya que los Hititas son reconocidos herederos culturales de la civilización sumeria. La relación entre Tiahuanaco y la cultura sumeria ha sido objeto de varias entradas de Los Divulgadores.

Sin tratar aún de explorar la posibilidad de que el Wiracocha de los báculos haya sido realmente el dios hitita Teshub y que este sea un Anunnaki que llegó a América para establecer una colonia minera, habría que hacerse una pregunta fundamental:

¿La representación hitita de Teshub influenció a la representación tiahuanacota o fue al revés?

La dirección que siguió esta influencia puede ayudarnos a determinar su validez.

Dos pueblos distantes

La historia oficial no dudaría en dictaminar que no existió relación entre estas dos culturas y que si hubiese existido habrían sido los Hititas los que habrían influenciado a la cultura Tiahuanaco, no a la inversa.

Si tomamos en cuenta que Los Divulgadores, como muchos otros investigadores, defendemos que la antigüedad de Tiahuanaco es de al menos 9,500 años AC y que los Hititas aparecen como cultura alrededor del año 2,000 AC, esta influencia cultural tendría que haber pasado de Tiahuanaco a los Hititas.

 

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Representación iconográfica hitita/hurrita de Teshub.

Esta posibilidad, inconcebible para la historia oficial, encaja con una serie de teorías que hemos venido divulgando y desarrollando en este blog sobre el desarrollo de las culturas del antiguo Perú y Mesoamérica.

Si existió algún tipo de influencia de la cultura Tiahuanaco sobre la cultura hitita, esta no podría haberse limitado a la representación de un dios sino que debía haber permitido la transferencia de otras costumbres y tradiciones.

Por esto la relación que propone Sitchin cobra más fuerza cuando consideramos que no es la primera vez que el investigador realiza esta conexión entre los Hititas y Tiahuanaco.

En la cuarta entrega de esta serie sobre los Anunnaki en el Perú, presentamos una representación iconográfica hitita de una escena de la epopeya sumeria de Gilgamesh, específicamente la del Rey Uruk flanqueado por dos leones, que es casi idéntica a dos grabados en piedra encontrados en el Perú.

Como podemos ver en la imagen de abajo, la semejanza entre las tres representaciones es evidente.

Los grabados de piedra que se asemejan a la representación hitita del rey Uruk, fueron encontrados en Aija y en el Callejón de Huaylas, cerca de la región en la que se encontraba el templo de Chavín. Como veremos más adelante, esto es un elemento importante que nos puede permitir encajar la historia de los Anunnaki en el Perú con el momento en el que la cultura Tiahuanaco tuvo influencia sobre la hitita.

Si esta relación realmente existió, tendríamos que reescribir un nuevo capítulo de la historia de la humanidad ya que esta posibilidad no ha sido contemplada antes.

 

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Comparación entre tres representaciones muy similares: dos del Perú y una hitita.

 

Necesitamos aún dilucidar cómo es que un elemento iconográfico de la cultura Tiahuanaco pudo haber llegado al Asia Menor, a los territorios de Anapolia.

Sumerios, tiahuanacos, hititas y Anunnakis

En entradas anteriores de esta serie, hemos planteado la relación entre la cultura sumeria, la hitita y la que se desarrolló en las orillas del lago Titica sin definir claramente cuál influencio a cuál.

Este artículo esclarece, por primera vez, la naturaleza de esta relación que, a nuestro parecer, tiene a la cultura Tiahuanaco como base y a la sumeria e hitita como receptoras.

La Fuente Magna, vasija cerámica inscrita con símbolos similares a los de la escritura cuneiforme sumeria que fue encontrada cerca al lago Titicaca, puede ser descartada por la historia oficial debido a su controvertido origen. Sin embargo, el trabajo de Emeterio Villamil de Rada (1804-1880) que plantea que el aymara es la lengua primigenia del mundo no es tan fácil de ignorar.

Menos aún, cuando el mismo Zecharia Sitchin nos presenta una serie de evidentes similitudes lingüísticas entre la lengua de los sumerios y la lengua aymara.

“La extensión de la presencia sumeria/uru en los Andes se puede percibir en otros detalles, como el hecho de que uru signifique «día» en todas las lenguas andinas, tanto en aymara como en quechua, como en Mesopotamia. Otros términos andinos, como uma/mayu que es agua, khun que es rojo, kap que es mano, enu/ienu que es ojo, makai que es golpe, tienen un origen mesopotámico tan evidente….”

 

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La polémica Fuente Magna, encontrada cerca del lago Titicaca.

Otro indicio de esta relación lo constituye el innegable parecido entre las balsas de junco que aún utilizan los Uros del lago Titicaca y las antiguas embarcaciones sumerias.

Poner a Tiahuanaco como una cultura más antigua que la sumeria, y que además la influenció, es erigirla como la madre de las culturas ancestrales de la humanidad. No por nada, el famoso explorador norteamericano George Squier (1821-1888) al visitar Tiahuanaco e imaginar el esplendor que alguna vez floreció ahí, la denominó la “Balbek del nuevo mundo”.

Una historia de idas y venidas

Zecharia Sitchin no solo ha planteado la relación entre los Hititas y los Tiahuanaco sino que ha apuntado en la dirección del causante de este encuentro: Teshub. Un jefe Anunnaki que se convirtió en el dios de los Hititas.

Si el Anunnaki Teshub fue adorado como dios tanto en Anatolia como en la región del lago Titicaca, tendría que haber vivido o pasado una temporada en ambos lugares transfiriendo e intercambiando conocimientos con los habitantes de cada región.

Si a esto le sumamos la antigüedad que le otorgamos a Tiahuanaco (alrededor de 9,500 AC), el Anunnaki Teshub tendría que haber llegado primero a Tiahuanaco y luego haber viajado al Asia Menor.

Hagamos el intento de reconstruir la cronología de las posibles visitas que los Anunnaki habrían hecho a América para revisar como es que estas encajan con los datos que tenemos sobre Teshub.

 

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Dos representaciones iconográficas hititas del dios Teshub/Wiracocha.

En algún momento entre el 40,000 AC y el 20,000 AC, un primer grupo de Anunnakis habría llegado desde Africa y el golfo Pérsico a Tiahuanaco con el fin de establecer una colonia minera en esa zona. En esa época, el lago Titicaca estaba conectado con el océano Pacifico.

Este grupo estuvo formado por Anunnakis y algunos africanos traídos como mano de obra. La época en la que sucedieron estos acontecimientos se pierde en los tiempos mitológicos pues hasta el momento no hemos encontrado restos de la misma.

Luego de extraer el oro que encontraron en la región altiplánica, este primer grupo decidió regresar a sus bases en el África y el golfo Pérsico. Esto podría haber sucedido alrededor del año 12,500 AC. La inminente llegada del diluvio terrenal, del que los Anunnaki tenían noticia, los podría haber hecho tomar esta decisión.

Durante el largo periodo de tiempo que permanecieron en América entre el 40,000-20,000 y el 12,500 AC, los Anunnaki podrían haber hecho el trayecto entre África, Mesopotamia, el golfo Pérsico y América, varias veces.

Es en estos viajes intercontinentales en los que los Anunnaki o sus “esclavos” humanos podrían haber transportado algunas expresiones culturales de un continente al otro.

Según Sitchin, el diluvio dejó al descubierto ingentes cantidades de oro en los andes peruanos, lo que alrededor del año 10,000 AC hizo regresar a los Anunnaki a tierras sudamericanas.

 

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Ilustración de una de las entradas al complejo arquitectónico de Tiahuanaco. (Composición Gráfica: Alan Brain)

Esta segunda oleada de Anunnakis habría reconstruido la antigua Tiahuanaco que sirvió, de nuevo, como centro metalúrgico para extraer y procesar el oro de la región. Es en este periodo en el que se construyen los intrigantes monumentos que perduran hasta nuestros días, incluyendo la famosa Puerta del Sol.

No es difícil imaginar que, como lo sugiere Zecharia Sitchin, el jefe de esta expedición fue el Anunnaki Teshub quién terminó convirtiéndose en el dios Wiracocha.

El cronista jesuita José de Acosta (1540-1600) , fuente verosímil sobre el Perú antiguo, nos relata un pasaje de la leyenda de Wiracocha que puede sustentar la llegada de Teshub:

“Como quiera que sea, dicen los indios que con aquel su diluvio se ahogaron todos los hombres y cuentan, que de la gran laguna Titicaca salió un Viracocha, el cual hizo asiento en Tiaguanaco, donde se ven hoy ruinas y pedazos de edificios antiguos y muy extraños, y que de allí vinieron al Cuzco…”.

En algún momento entre el 10,000 y el 6,000 AC, el Anunnaki conocido como Teshub/Wiracocha habría abandonado Tiahuanaco para establecerse en sumeria, dónde nuevamente se habría convertido en la deidad local.

Zecharia Sitchin sostiene que Teshub era conocido en sumeria como el dios Ishkur/Adad, y era el hijo menor del poderoso Anunnaki Enlil, quién le había encomendado la explotación de oro en América después del diluvio.

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Interpretación gráfica del rostro del dios Teshub/Wiracocha. (Composición Gráfica: Alan Brain)

Las razones por las cuales Teshub/Wiracocha fue representado en ambas culturas de la misma manera son desconocidas. Pero, podríamos imaginar que Teshub siempre se desplazaba acompañado de un grupo de emisarios alados que fueron representados por los pobladores de ambas culturas. Lo mismo podría decirse del objeto con forma de relámpago que lleva en una de sus manos.

Siguiendo con la cronología, alrededor del año 3,000 AC, otro grupo Anunnaki habría llegado a la costa norte del Perú, proveniente de Centroamérica. Este grupo, que habría estado formado por Anunnakis, Olmecas, africanos y algunos indoeuropeos, se habría establecido primero en la costa peruana y luego habría llegado hasta las alturas de Sechin.

En Sechín, se habría librado una encarnizada batalla entre el grupo que bajaba de Tiahuanaco y este segundo grupo que llegaba a Sechín desde la costa.

A esta época pertenecen las representaciones encontradas en Aija y en el Callejón de Huaylas, presentadas líneas atrás, similares a una representación hitita del rey Uruk flanqueado por dos leones.

En este caso, la única forma de explicar la similitud es ubicando su origen artístico en el Perú. Las piezas de Aija y el Callejón de Huaylas habrían sido realizadas, quizás, en forma de recordatorio del enfrentamiento de Sechin. Uno de los Anunnakis o uno de sus acompañantes humanos habría llevado la representación iconográfica del personaje flanqueado por los leones, del Perú hacia Anapolia.

 

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Escenas de guerra y mutilación el sitio arqueológico de Sechín

 

El enfrentamiento de Sechin que puede parecer una explicación antojadiza de los orígenes de algunas culturas pre colombinas, tiene referencias explícitas en los relatos sumerios sobre los Anunnaki y coincide con algunos episodios de la historia del Perú antiguo.

La ruta del Anunnaki Teshub/Wiracocha

Para seguir tratando de reconstruir la epopeya de los Anunnaki en el Perú después del enfrentamiento de Sechin, necesitamos rastrear los pasos de la imagen del señor de los báculos, al que nosotros denominamos Teshub/Wiracocha.

Los Divulgadores, y otros avezados investigadores como Maria Scholten, defendemos la teoría de la llamada ruta de Wiracocha que sostiene que el culto al dios de los báculos,paso de Tiahuanaco a la cultura Chavín y continuó en algunas culturas de la costa peruana.

La cultura Chavín representó a Teshub/Wiracocha con rasgos felinos pero con las mismas características esenciales que tenía en Tiahuanaco y que hemos analizado a lo largo de este y otros artículos.

La similitud, ya mencionada en este blog, entre el personaje de la Estela Raimondi y el Teshub/Wiracocha de la Puerta del Sol es evidente.

La aparición del Teshub/Wiracocha en la Estela Raimondi de Chavín tendría, según la teoría de Sitchin, una hipótesis no menos válida que la oficial. Quizás, Teshub/Wiracocha paso por Chavín antes de partir hacia sumeria o simplemente algunos de sus seguidores instauraron su culto e iconografía en la zona.

 

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A la izquierda, representacion Chavín del dios de los báculos Teshub/Wiracocha. A la derecha, representacion tiahuanacota del mismo.

Un detalle importante es que Wiracocha es considerado, según las leyendas que los peruanos relataron a algunos cronistas, como aquel que trajo la civilización a esta parte del mundo y que luego desapareció siguiendo la ruta del mar. A diferencia de los pobladores del ande, Wiracocha era alto y blanco. Es decir, no era oriundo de estas tierras.

Para Los Divulgadores, la ruta de Teshub/Wiracocha continúa con la cultura Paracas, considerada por la historia oficial como una prolongación de Chavín en la costa peruana. Paracas heredó, representó y perpetuó el culto a la misma figura de Teshub/Wiracocha de Tiahuanaco y Chavín, ya no en piedra sino en sus valiosas telas.

En la llamada ruta de Teshub/Wiracocha, el culto al dios de los báculos de Tiahauanaco continuó en la costa peruana en la cultura Nazca. Esta cultura representó a Teshub/Wiracocha de manera casi abstracta y probablemente como un dios menor en comparación con la principal deidad de esta cultura: el dios Kon.

El Candelabro de Teshub

Al sur de Lima, sobre el lomo de una de las colinas que adorna la costa de Paracas, descansa el famoso Candelabro de Paracas. Con más de 120 metros de largo y grabado con líneas de más de medio metro de profundidad, la imagen del tridente, mal llamado candelabro, se resiste a revelar el secreto de su origen.

Una de las teorías más aceptadas sobre el candelabro es la que se basa en el trabajo del historiador peruano José Antonio Del Busto (1932-2006) sobre el viaje del Inca Túpac Yupanqui a la Isla de Pascua. Esta teoría plantea la posibilidad de que el tridente de Paracas fue un signo dejado por Túpac Yupanqui para poder regresar a las costas peruanas luego de su expedición a la Polinesia.

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Arriba, la figura del candelabro o tridente de Paracas. Abajo, el tridente del dios Teshub/Wiracocha.

Zecharia Sitchin presenta una última prueba de la presencia de Teshub en tierras peruanas y de su relación con Tiahuanaco: el tridente de Paracas representa el símbolo personal del Anunnaki Teshub. El mismo que Teshub lleva en una de sus manos en las representaciones hititas, similar también al cetro bifurcado del señor de los báculos de Tiahuanaco:

“Que estuvo aquí, en esa parte de América del Sur, es testimonio de su símbolo, dejado para que lo vieran todos los que se aproximasen, por mar o por tierra. Es una ilustración gigante de un tridente, enigmáticamente grabado en una parte empinada de la colina en la Bahía de Paracas en la costa de Perú, al noroeste de Tiahuanaco; y solo puede ser vista desde el aire o desde mar abierto en el océano Pacifico.”

Para Sitchin, la única posibilidad es que el mismo Teshub/Wiracocha haya querido dejar su impronta en las costas peruanas:

“Nadie sabe quién, cuándo o cómo, a menos que sea el mismo Adad (Teshub) que quería declarar su presencia.”

Si Sitchin tiene razón, podrían existir otros indicios de la presencia del Anunnaki Teshub en estas tierras que aún no hemos encontrado o que hemos pasado por alto a causa de las restricciones del paradigma histórico.

 

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Zecharia Sitchin, el visionario investigador de la cultura sumeria y padre de los Anunnaki. (Composición Gráfica: Alan Brain)

Podemos reconstruir la ruta del Anunnaki Teshub/Wiracocha por las tierras del antiguo Perú hasta la cultura Nazca. ¿Podría esta ser la clave tan buscada por los investigadores para descifrar porque se hicieron las misteriosas líneas y figuras de la pampa de Nazca?

La repuesta yace quizás a miles de años luz de nuestro Sistema Solar.

Fuentes:
– Zecharia Sitchin.(2007). Book IV of The Earth Chronicles: The Lost Realms. Harper Collins.
– Zecharia Sitchin.(2010). There were Giants Upont the Earth. Bear & Company.
– Zecharia Sitchin.(2007). Book II of The Earth Chronicles: The Wars of Gods and Men. Harper Collins.
– Zecharia Sitchin.(2007). Journeys to the Mythical Past (The Earth Chronicles Expeditions Vol.2). Bear & Company.
– Pedro Cieza de Leon. (2014). La Crónica del Perú. Linkgua.
– Pedro Sarmiento de Gamboa. (2012). Historia de los Incas.
– Cristóbal de Molina (el cusqueño). (1947). Relacion de las Fábulas y Ritos de los Incas. Editorial Futuro.
– José de Acosta. (2012). Historia Natural y Moral de las Indias. Fondo de Cultura Económica.

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