La era de los estúpidos II: victimas, ignorantes o desgraciados
Los Divulgadores
Aunque parezca estúpido, como reza el título de esta serie de artículos sobre el calentamiento global, hace unos años, un grupo de científicos convertidos en meretrices de las grandes compañías petroleras quiso hacernos creer que el calentamiento global era una farsa y que en el peor de los casos no estaba relacionado con nuestras emisiones de dióxido de carbono. La era de los estúpidos II: victimas, ignorantes o desgraciados
    Una frase que resume nuestra situación: "No hay un planeta B".
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    La era de los estúpidos II: victimas, ignorantes o desgraciados

    19 octubre, 2012 por
    Calentamiento global

    No podemos ignorar el problema que representa el calentamiento global como lo hemos hecho durante los últimos treinta años.

    Aunque parezca estúpido, como reza el título de esta serie de artículos sobre el calentamiento global, hace unos años, un grupo de científicos convertidos en meretrices de las grandes compañías petroleras quiso hacernos creer que el calentamiento global era una farsa y que en el peor de los casos no estaba relacionado con nuestras emisiones de dióxido de carbono.

    Ahora sabemos, a ciencia cierta, que estaban equivocados. El calentamiento global es real y es consecuencia directa de la acción del hombre sobre el planeta.

    Si usted aún cree que el calentamiento global es una farsa o que no es provocado por nuestras emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, entonces escoja una de las siguientes alternativas: usted es una victima de la campaña de manipulación financiada por las compañías petroleras con el apoyo de un grupo de científicos convertidos en meretrices del poder secundados por una jauría de serviles escépticos siempre ávidos a apoyar con sus ladridos la versión oficial, usted es un ignorante porque se atreve a opinar sin saber de lo que está hablando e ignora las decenas de estudios científicos sobre el tema o usted es uno de esos desgraciados que sabiendo la magnitud y las consecuencias del calentamiento global prefieren hacerse los ciegos.

    Si usted trabaja en el área de relaciones publicas de alguna compañía petrolera mírese en el espejo y reflexione sobre las consecuencias de sus acciones, quizás la vergüenza se asome detrás de su reflejo y lo ilumine…

    No podemos seguir ocultando verdades porque no tenemos el coraje de decirlas o porque es socialmente inapropiado. Este es uno de los peores legados de la internet y las redes sociales: preferimos ser inocuos y no causar problemas en lugar de decir la pura y cruda verdad.

    La decisión es suya: victima, ignorante o desgraciado.

    El lenguaje es duro pero la situación lo amerita. Me guardo las disculpas, es demasiado tarde para amabilidades.

    Una frase que resume nuestra situación: “No hay un planeta B”.

    Revisemos algunas cifras, quizás nos ayuden a reaccionar.

    Mayo del 2012 fue el mes número 327 en el que consecutivamente la temperatura del planeta excedió el promedio de temperatura global del siglo XX. Como bien destaca Bill Mc Kibben, uno de los periodistas más involucrados en el tema del calentamiento global, la probabilidad de que estos records de temperatura sean producto de una simple casualidad es una cifra considerablemente mayor que la cantidad de estrellas en el universo.

    Este año se registró en la ciudad de la Meca, a una temperatura de 43 grados Celsius, la lluvia más caliente de la historia del planeta. En los Estados Unidos, el mes de junio rompió o igualó más de 3,000 records relacionados con altas temperaturas.

    El clima está cambiando a un ritmo más acelerado del que los científicos han previsto y las medidas que hemos establecido para detener el proceso son tan ridículas que equivalen a tratar de curar el cáncer con una aspirina.

    Los dos grados de Copenhague

    En el 2009, se realizó la Conferencia de Cambio Climático de Copenhague, uno de los últimos intentos globales por detener el aumento de la temperatura. Los gobiernos de China y de USA, quienes juntos son responsables por más del 40% de las emisiones de dióxido de carbono del planeta, no mostraron un verdadero interés en implementar mecanismos para controlar sus emisiones de carbono.

    Durante la conferencia, el Ministro de Energía danés, en una frase que podría pasar a la historia, declaró:

    “De acuerdo a lo que está en juego, este es el encuentro más importante después de la Segunda Guerra Mundial. Esta es muestra oportunidad. Si la dejamos pasar, podrían pasar años antes de que tengamos otra oportunidad, si es que la llegamos a tener.” 

    Una protesta en las calles de Copenhague con motivo de la cumbre del 2009 sobre cambio climático: “Nuestro clima no es su negocio”.

    Al cierre de la conferencia de Copenhague solo quedó un acuerdo de buena voluntad que supuestamente manifestó las intenciones de los países participantes de reducir sus emisiones de carbono. En el papel el acuerdo de Copenhague es inútil ya que no especificó las cantidades de reducción de emisiones de carbono por país ni estableció mecanismos para asegurar dichas reducciones.

    Bill Mc Kibben, en un artículo sobre la realidad del cambio climático publicado en la edición de Agosto de la revista Rolling Stone, destaca un párrafo crucial de dicho acuerdo de Copenhague:

    “Reconocemos que el punto de vista cientifico es que el incremento en la temperatura global debe ser menor a dos grados Celsius…acordamos que se necesitan grandes reducciones de emisiones globales…para mantener el incremento en la temperatura global por debajo de dos grados Celsius.”

    Si queremos mantener nuestro planeta como lo conocemos debemos evitar que la temperatura global se eleve por encima de dos grados Celsius.

    Dos grados Celsius, aproximadamente 3.6 grados Farenheit, la cifra más importante de los últimos treinta años. Esa que nos recordará en el futuro, de pesadilla en pesadilla, que a pesar de sentirnos la especie más inteligente de la Tierra somos capaces de actuar como la más estúpida.

    Según las investigaciones de Mc Kibben, a mediados del 2012 ya hemos elevado la temperatura del planeta en 0.8 grados Celsius y eso nos pone a mitad del camino.

    Esta elevación de menos de un grado Celsius ha provocado que perdamos la tercera parte del hielo que se forma en el verano Ártico, ha hecho que los océanos sean 30% más ácidos y ha logrado que la atmósfera sobre estos océanos sea un cinco por ciento más húmeda que antes. Cifras alarmantes que han causado considerables daños al delicado balance del que depende nuestro hábitat.

    Hemos elevado la temperatura global del planeta en 0.8 grados Celsius y estamos empezando a experimentar las consecuencias.

    A la luz de estas cifras no es tan seguro afirmar que mantenernos debajo del límite de dos grados Celsius es completamente seguro. Para muchos científicos como Kerry Emanuel de la Universidad de Mit, Thomas Lovejoy quien fue Consejero de Biodiversidad del Banco Mundial y James Hansen, uno de los climatólogos más prominentes del planeta, dos grados son demasiado:

    “El objetivo de dos grados Celsius del que se ha hablado en las negociaciones internacionales es, a largo plazo, una receta para el desastre.”

    Mc Kibben relata un anécdota ocurrida en la conferencia de Copenhague que ilustra nuestra capacidad de ignorar lo que no nos afecta inmediatamente. Un delegado que representaba a varias naciones isleñas mencionó que muchas de estas naciones no sobrevivirían a las consecuencias generadas por una elevación de dos grados Celsius en la temperatura global del planeta debido a que, entre otras razones, el nivel del mar aumentaría y podría borrar del mapa algunas de estos países.

    A continuación, uno de los delegados que representaba a varios países en vías de desarrollo sostuvo que para el continente africano, que ya es golpeado por largas temporadas de sequía, dos grados Celsius son casi un suicidio que podría provocar que estas temporadas de sequía duren mucho más tiempo. Ante esta dramática declaración, muchos delegados empezaron a cantar “un grado por África” pero nada cambió. Conocemos el final, la conferencia de Copenhague no estableció una decision contundente. La noche de clausura de la conferencia, un activista de Green Peace declaró:

    “Esta noche, Copenhagen es la escena de un crimen… y los culpables están huyendo hacia el aeropuerto.”

    Si no queremos elevar la temperatura global del planeta en más de dos grados Celsius debemos lanzar a la atmósfera menos de 565 giga toneladas de dióxido de carbono en los próximos cincuenta años.

    Al margen de que el acuerdo de Copenhague del 2009 sea más simbólico que efectivo, 167 naciones que son responsables del 80% de las emisiones de carbono del planeta se suscribieron al documento en señal de buena voluntad, si es que eso sirve de algo ante un escenario tan urgente. Doce países, entre ellos Venezuela, Kuwait y Nicaragua se negaron a firmar el documento.

    Los dos grados Celsius establecidos por el acuerdo de Copenhague representan la débil, tardía e irresponsable posición del planeta Tierra sobre el cambio climático.

    Débil porque no existen medidas para obligar a los países a realizar las reducciones de emisiones de carbono e irresponsable porque todo indica que dos grados son demasiado peligrosos.

    Utopía 565

    Por eso, hace unos años, apareció otra cifra denominada “Carbon Budget” (Presupuesto de Carbono) que determina cuanto dióxido de carbono podemos lanzar a la atmósfera sin elevar la temperatura global del planeta en más de dos grados Celsius.

    Actualmente, nuestro presupuesto es de 565 giga toneladas de dióxido de carbono. Si nos mantenemos por debajo de esta cifra durante los próximos cincuenta años tenemos una posibilidad entre cinco, casi como una ruleta rusa, de no sufrir las consecuencias catastróficas provocadas por la elevación de la temperatura global del planeta en mas de dos grados Celsius.

    Esta cifra, 565 giga toneladas de dióxido carbono, resume las conclusiones de uno de los modelos de simulación climáticos computarizados más sofisticados de los últimos tiempos realizado durante varias décadas con la colaboración de científicos de varios lugares del planeta.

    Nuestro planeta está sufriendo las consecuencias de haber lanzado irresponsablemente gigantescas cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera durante décadas.

    Según Tom Wigley, climatólogo australiano del Centro Nacional de Investigación Atmosférica, se han realizado más de cuarenta simulaciones o modelos para tratar de determinar el impacto de las emisiones de dióxido de carbono y la mayoría de ellas coinciden, a grandes rasgos,  en que no debemos sobrepasar las quinientas sesenta giga toneladas de dióxido de carbono.

    La situación empieza a ser aún más preocupante cuando Mac Kibben nos advierte en su artículo que varios estudios científicos han determinado que incluso si detuviéramos radicalmente nuestras emisiones de carbono en el 2012, la temperatura se elevaría 0.8 grados Celsius más ya que el dióxido de carbono previamente emitido continuaría calentado la atmósfera. Una simple operación matemática nos indica que, virtualmente, hemos elevado la temperatura del planeta en 1.6 grados Celsius.

    Peor aún, y es que en cuestiones de cambio climático casi no existen buenas noticias, nuestro promedio anual de emisiones de dióxido de carbono aumenta año tras año en lugar de reducirse.

    Según el último informe de la Agencia de Energía Internacional (IEA), en el 2011 emitimos 31.6 giga toneladas de dióxido de carbono, 3.6 giga toneladas más que en el 2010.

    Las estadísticas de la IEA demuestran que estamos aumentado nuestras emisiones de carbono en 3% cada año. Si seguimos a ese ritmo, alcanzaremos nuestro presupuesto de 565 giga toneladas alrededor del año 2028.

    Si utilizamos todas las reservas mundiales confirmadas de combustibles fósiles lanzaremos a la atmósfera 2, 795 giga toneladas de dióxido de carbono y cambiaremos para siempre las condiciones de la vida del planeta Tierra.

    De acuerdo con los estudios realizados por el director económico de la IEA, Fatih Birol, las estadísticas anuales de emisiones globales de dióxido de carbono indican que provocaremos una elevación de temperatura global muy por encima de dos grados Celsius:

    “Cuando observo los datos, la tendencia concuerda perfectamente con un incremento de temperatura de seis grados Celsius.”

    Una elevación de la temperatura global de seis grados Celsius crearía un planeta digno de una película de ciencia ficción.

    2795 giga toneladas de realidad

    La última cifra es la más terrible porque no representa el resultado de un estudio científico sino que es algo así como nuestro inventario de almacén.

    De acuerdo con las investigaciones realizadas por el grupo denominado Carbon Tracker Initiative, la cantidad de dióxido de carbono acumulado en las reservas de carbón mineral, petróleo y gas existentes en el planeta, sean propiedad de una compañía privada o de un gobierno, se cuentan entre las 2,795 giga toneladas. Cinco veces el límite de nuestro supuesto presupuesto de dióxido de carbono de 565 giga toneladas.

    Es cierto que parte del petróleo, gas y carbón mineral incluido en estas 2,795 giga toneladas esta aún bajo tierra. Sin embargo, económicamente hablando, estos combustibles fósiles ya están en la bolsa de valores, en prestamos realizados por grandes compañías para financiar nuevas plataformas de extracción, en los planes de algunos gobiernos, etc.

    Si no queremos sobrepasar las 565 giga toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera tenemos que poner bajo llave y no utilizar el 80% de esas 2,795 giga toneladas contenidas en nuestras reservas planetarias confirmadas de gas, petróleo y carbón mineral.

    Lukoil y Exxon son dos de las compañias con las reservas más grandes de combustibles fósiles del planeta. Entre las dos pueden lanzar más de 100 giga toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera en las próximos años. El futuro de la Tierra no está precisamente en manos de los gobiernos.

    Es imposible imaginar que empresas de la talla de Exxon y Lukoil, que juntas tienen reservas suficientes para lanzar casi 100 giga toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, detendrán su producción de petróleo para ayudar a detener el calentamiento global. La razón principal es económica. Si estas compañías interrumpen sus operaciones de extracción, sus precios en la bolsa de valores se podrían desplomar en caída libre. Por supuesto, la desmedida ambición de los dueños de estas compañias tampoco ayuda.

    Según John Fullerton, ex funcionario del banco JP Morgan, estas 2,795 giga toneladas de dióxido de carbono representan 27 billones de dólares. Si pretendemos eliminar del mercado el 80% de nuestras reservas para poder mantenernos por debajo de las 565 giga toneladas es como eliminar 20 biillones de dólares del mercado financiero.

    Seamos realistas. Es evidente que esto no sucederá en un mundo como el nuestro que se ha acostumbrado a bailar al son del dinero.

    Los gobiernos no tienen el poder ni la voluntad para controlar a las empresas petroleras o para regular drásticamente sus emisiones de carbono. La batalla está casi perdida…

    Kioto: peor es nada

    El último encuentro mundial relacionado al cambio climático tuvo lugar en junio del 2012 en Rio de Janeiro, Brasil. Si el resultado del encuentro de Copenhague del 2009 fue una contundente derrota, el encuentro de Rio fue el acta de rendición.

    El encuentro se denominó Rio+20 porque se realizó veinte años después de la primera Cumbre de la Tierra organizada por las Naciones Unidas en 1992 en la misma ciudad.

    La última conferencia mundial sobre cambio climático tuvo lugar en Rio de Janeiro en junio del 2012. Los resultados son simbólicos.

    Rio+20 logró una débil ratificación de los acuerdos producidos en la conferencia de 1992 y produjo un documento titulado “El futuro que queremos”, en el que no se especifican acciones urgentes sino que se propone continuar con las discusiones pero involucrando a los gobiernos, a la sociedad civil y al sector privado.

    Soluciones contundentes= cero.

    En este momento critico, el único documento legal que regula las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial es el Protocolo de Kioto, que es supervisado por la UNFCCC (United Nations Framework Convention For Climate Change).

    Desde que se puso en funcionamiento en 1997, el Protocolo de Kioto ha sido insuficiente para generar una reducción significativa en las emisiones globales de gases de efecto invernadero ya que las reducciones de emisiones que establece para los países industrializados no son los suficientemente fuertes para cambiar la situación actual.

    Además, los Estados Unidos, uno de los países con más alto porcentaje de emisiones, no se suscribió al tratado. Japón ha ignorado considerablemente las regulaciones de Kioto a pesar de estar suscrito al documento y Canadá hizo lo mismo aumentando sus emisiones en 24% por ciento. Sin embargo, peor es nada.

    La ciudad sudafricana de Durbán acogió, en diciembre del 2011, a representantes de 193 naciones para decidir, entre otros temas de medio ambiente, el futuro del Protocolo de Kioto.

    En Durban, se decidió renovar el Protocolo de Kioto desde enero del 2013 ya que su primer periodo terminará en diciembre del 2012, y también se decidió negociar un nuevo tratado global de regulación de emisiones en el año 2015 que reemplazará al documento de Kioto. Por si las malas noticias no son suficientes, Canadá, Japón y Rusia han manifestado claramente, de antemano, que no se suscribirán al segundo periodo del Protocolo de Kioto.

    Imagen de la conferencia de 1997 en la que se estableció el Protocolo de Kioto.

    La negociación de un nuevo tratado regulador de emisiones para el 2015 parece ser una pequeña luz al final del túnel pero no lo es. Incluso si los representante de las diferentes potencias mundiales llegan a ponerse de acuerdo en un documento que tenga la fuerza legal necesaria para asegurar reducciones importantes en las emisiones globales de gases de efecto invernadero, este acuerdo tendría que ser posteriormente ratificado por los diferentes gobiernos del mundo en un proceso que podría retrasar su puesta en marcha hasta el año 2020. Un lujo que no estamos en capacidad de permitirnos.

    Alden Mayer, Director de estrategia de la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados) marca la diferencia entre las leyes de la física y la verborrea:

    “Discursos poderosos y decisiones puestas en palabras de forma cuidadosa no pueden enmendar las leyes de la física. La atmósfera responde a una cosa, a una sola cosa – emisiones.”

    Esperar hasta el 2020 para tomar medidas radicales, si es que se toman, es casi perder la esperanza de evitar que la temperatura del planeta se eleve en dos grados Celsius.

    Para Felix Finkbeiner, director de la organización Plant for the Planet (Siembre por el planeta) la mayoría de conferencias sobre cambio climático son inútiles;

    “Mirando a las conferencias pasadas sobre el clima, sería más efectivo si los miembros de la conferencia salieran a la calle a plantar árboles por tres semanas. Probablemente, sus acciones tendrían un impacto mayor.”

    Un activista demuestra su preocupación sobre la continuidad del Protocolo de Kioto en la ciudad de Durban durante la cumbre.

    Esta es la dura realidad, no hemos sido capaces de unirnos para proteger nuestra casa, nuestro planeta. Hemos caído presa de nuestros propios hábitos y no hemos podido hacerle frente al enemigo, un grupo de millonarios que no tiene problemas en arrasar con el planeta y empobrecer al 99% de sus habitantes con tal de seguir alimentando su enfermiza adicción de poder y dinero….

    En la próxima entrega de esta serie veremos quienes son los culpables y que podemos hacer para cambiar esta urgente situación.

    Fuentes:

    – Bill McKibben.(August 2012). Global Warming’s Terrifying New Math. Rolling Stone.
    – Thom Hartmann. (2004). The Last Hours of Ancient Sunlight. Broadway.
    – Naomi Oreskes.(2011). Merchants of Doubt: How a Handful of Scientists Obscured the Truth on Issues from Tobacco Smoke to Global Warming. Bloomsbury Press.
    – Elizabeth Kolbert.(2010). Field Notes from a Catastrophe: Man, Nature, and Climate Change. Bloomsbury USA.
    IPS News.
    UNFCC.
    Wsws.org.

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    Alan Brain

    Alan Brain

    Comunicador audiovisual e investigador independiente. En Los Divulgadores, Alan Brain cubre los rubros de astronomía, ciencia, estudios bíblicos y extraterrestres, entre otros. “Un divulgador necesita ser, al mismo tiempo, un investigador exhaustivo, un traductor riguroso y un buen narrador.” @alanbrain.

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    7 Comentarios

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    1. Patricia Velázquez G.
      / 29 octubre, 2012

      Saludos Sr. Brain, seguimos con éste tema muy importante, aunque espero el próximo artículo para concluir mi punto de vista, por el momento, puedo decir e insistir, que es verdad que las grandes empresas petroleras y las grandes fábricas que subsisten y generas grandes ganancias gracias a éste recurso, no tienen empacho en enriquecerse  a costa de lo que sea, así esté en juego su vida misma y la de los demás, pero yo insisto (perdón por el atrevimiento), en que también nosotros los consumidores somos en gran parte los responsables, porque mientras halla quién compre, habrá quién venda, si nosotros dejamos de comprar y consumir muchos de los productos que su elaboración representa contaminación, y que además no son de primera necesidad, como la aberración de quien tiene un automóvil por cada persona o familiar que vive en un hogar, por poner uno de los muchos ejemplos que hay. Estamos viviendo en una irrealidad consumista, en donde las personas compran todo lo que les ofrecen, los pudientes al contado y los demás en “cómodos paguitos” y por desgracia ya convertimos a los niños y jóvenes en exactas réplicas de nosotros como consumidores, ellos también quieren todo lo que ven, lo que anuncian en la “Tele” , estamos fabricando a  la nueva generación de consumidores para beneplácito de éstas grandes empresas que viven como reyes a nuestras expensas. Dejemos de ser irresponsables, maduremos de una vez por todas, hagámonos cargo de nuestra vida y la de nuestros hijos, porque si ellos tienen ése estatus, es porque nosotros se los hemos puesto en charola de plata. Como siempre le dejo un abrazo fraterno y lo hago extensivo al equipo de “Los Divulgadores.

       

    2. Alan Brain
      / 29 octubre, 2012

      Hola Marcel,

      Es cierto que existe una teoría que sostiene que el petróleo no es de origen organico o fósil sino que es de origen abiótico o inorgánico. Esta teoría sostiene que el petróleo es una sustancia primigenia que se forma o se formó inorganicamente en las profundidades de la Tierra y que ha llegado a la corteza terrestre a traves de erupciones. Según esta hipótesis, los hidrocarburos que se encuentran en el petróleo son generados por procesos abiogénicos y los biomarcadores que se encuentran en el petróleo, y que indican su origen orgánico, son recogidos por los hidrocarburos en su trayectoria desde el manto a la parte superior de la corteza terrestre. Es decir, los biomarcadores no serían rastros de organismos vivos sino que serían agentes contaminantes.

      Lo cierto es que, por ahora, esta es solo una hipótesis que no tiene como demostrar que la visión oficial, que el petróleo es un combustible fósil, está equivocada. El problema fundamental se presenta en los biomarcadores, no se ha logrado demostrar con certeza que los biomarcadores son producto de organismos que se integran al petróleo mientras este sube hacia la corteza terrestre.

      Ademas, la mayoría de científicos que trabajan para las compañías petroleras buscando petróleo no usan los postulados de la teoría inorgánica o abiogénica para buscar petróleo sino que utilizan los postulados de la teoría tradicional que sostiene que el petróleo es un combustible fósil y siguen encontrando petróleo.

      El hecho de que cada vez se encuentren más yacimientos de petróleo a profundidades mayores no confirma necesariamente esta teoría sino que podría ser consecuencia: del agotamiento de los yacimientos más cercanos a la parte superior de la corteza terrestre y de nuestra capacidad tecnológica para poder extraer petróleo de profundidades mayores…

      La conspiración para ocultar cualquier intento medianamente inteligente de desarrollar energías alternativas existe y es evidente…

      Una vez más, si alguien no se ha dado cuenta que varios gobiernos y empresas multinacionales tienen como objetivo impedir que la humanidad desarrolle y tenga acceso a energía de punto cero que se haga ver por un psiquiatra…

      La ignorancia se perdona, la estupidez no…

      Un abrazo

      Alan

    3. Alan Brain
      / 29 octubre, 2012

      Hola Sabrina,

      Te agradezco el comentario. Los mismos científicos ( y publicare sus nombres en el articulo final de esta serie) que estuvieron involucrados en la millonaria campaña de defensa de la industria del tabaco son los que desde hace unos años vienen negado sistemáticamente el calentamiento global.

      En este blog, curiosamente, todos los comentarios aparecen siempre con votos negativos. Estos votos negativos son el esfuerzo de algún individuo que, por razones que me puedo imaginar, no está de acuerdo con la línea editorial de este blog o son el reflejo de las opiniones de los lectores de este blog. En cualquiera de los dos casos, estos votos me dicen que la gente no quiere escuchar la verdad, no le gusta, menos aún si se la lanzas a la cara como un chorro de agua limpia.

      Por eso, es difícil estar en el medio. Por un lado, aquí no vendemos historias de planetas asesinos o de extraterrestres con forma de reptil y, por otro lado, no nos dedicamos a defender lo que sostiene el sistema y a negar todas las teorias alternativas y tampoco desmentimos día tras día todas las tonterías paranormales que aparecen en youtube…

      Puesto a escoger, prefiero tener un grupo reducido de lectores interesados, inteligentes y con ganas de reflexionar que miles de lectores que solo quieren que los alimente con su dosis diaria de fantasias extraterrestres y fenómenos paranormales sin importar si la información es vaga, escueta y no documentada…

      Me basta con que uno de mis lectores reflexione sobre alguno de los temas tratados aquí y que esa reflexión despierte un interés, que esa reflexión lo lleve a una pequeña búsqueda o que le presente una nueva interrogante.

      Saludos,

      Alan

      Saludos,

      Alan

    4. Alan Brain
      / 29 octubre, 2012

      Hola Luis,

      De hecho, el tema es complicado y esta serie de artículos solo pretende poner el tema sobre la mesa de manera clara y concreta. En mi opinión y en la de muchos científicos, no existe duda de que el calentamiento global es consecuencia de la acción del hombre sobre el medio ambiente.

      Tienes toda la razón, en todo este proceso no ha existido ni existirá transparencia porque hay mucho dinero en juego y eso es más que suficiente para empañar los cristales.

      La culpa cae en cada uno de nosotros por habernos dejado manipular o por no haber sido responsables con el planeta pero sobretodo cae sobre muchos políticos y empresarios…

      Sinceramente, a estas alturas del camino, el que crea que en el mundo no existen adictos al poder y al dinero que se haga ver de urgencia por un psiquiatra.

      Saludos,

      Alan

    5. Marcel
      / 26 octubre, 2012

      Evidentemente nuestra actividad influye en el sistema terrestre, pero el calentamiento de la Tierra es proporcional al que han experimentado el resto de planetas del sistema solar, luego la causa principal es más bien ajena a la humanidad y hay que buscarla en algún evento cósmico.  Actualmente el calentamiento no aumenta, y cada vez hay más acuerdo científico en que nos dirigimos a una glaciación, quizás retardada gracias al CO2 antrópico vertido a la atmósfera.

      En lo que al petróleo se refiere, no se ha demostrado jamás su origen fósil, siendo tan solo una creencia dogmatica aceptada como cierta. Por otra parte se han encontrado presencia de hidrocarburos en numerosos cuerpos espaciales por lo que se cree que son un subproducto de la formación de estrellas y planetas, de manera que el petróleo tendría un origen abiótico primordial, como demuestran la mayoría de los nuevos yacimientos situados en estratos más profundos que los sedimentarios.

      A pesar de lo dicho, evidentemente deberíamos substituir el petróleo por otras energías, preferiblemente las de punto cero. El problema es que estas energías son de libre disposición y no son susceptibles de ser controladas ni distribuidas, es decir no se puede hacer negocio ni jugar a la escasez con ellas. Es por ello que todas las patentes al respecto permanecen ocultas y al que se atreve transgredir repetidamente el acuerdo tácito de su inexistencia suele acabar con problemas graves de salud.

    6. sabrina bernochi
      / 24 octubre, 2012

      Muy bueno el artículo, pero hay que agregarle el hecho de que las enfermedades pulmonares incluyendo el cáncer han ido en aumento no solo por el cigarrillo sino también por la contaminación y no creo que los responsables se preocupen por esto lo que nos queda son divulgadores como usted Sr. Alan que se toman la molestia de escribir, y publicar estos artículos. gracias…..

    7. / 23 octubre, 2012

      “El arte es el intelecto sobre una mirada subjetiva, la ciencia es una opción subjetiva sobre una mirada objetiva”. FERNANDO PESSOA
      Todos somos víctimas.
      Vean, estamos ante una crisis más del sistema capitalista basado en el petróleo, un recurso finito. La imposibilidad de flexibilizar políticamente los ejes de estas fuerzas financieras (Rio +20 2012) es lo preocupante. La voluntad política es lo secundario, pues hay un subordinación política hacia el sistema: política – crecimiento económico – bienestar – votos, y esto es lo medular del sistema democrático. Además, no solo tenemos dos posiciones pseudocientíficas –pues hay poderes económicos atentos a financiar su ciencia y esto no es nuevo- , los escépticos y los calentólogos, también tenemos dos visiones políticas encontradas: los de arriba (países desarrollados) y los de abajo.
      Mi primera conjetura a propósito de la renuencia de los países de arriba a suscribir regulaciones de emisiones es la de un juego al que no quieren jugar, o por lo menos no quieren ser los primeros. El tejido regulatorio de la llamada Economía Verde está preparándose para subordinar al los países de abajo en la soberanía de sus recursos naturales. Nadie quiere entrar primero. Y la impresión de que los de arriba no sólo quieren nuestra subordinación en materia de tecnología, mano de obra y recursos, sino de además, ingerir sobre nuestros recursos (otra vez economía basada en recursos finitos), nos muestra otra vez su  pensamiento neocolonialista.
      Pero tenemos aun más variables que bruman nuestra confusión: la incipiente y compleja ciencia climática, el mercado de emisiones CO2, las ingentes cantidades de dinero que se destinan a campañas verdes en contraste con lo indemne que se mantienen los poderosos sistemas de producción.  
      Me atrevo a dudar, no lo niego, no de los cambios climáticos que estamos experimentando, sino de la transparencia de las iniciativas ecológicas  por cuanto la historia de ellas revela. Es decir, no es el mensaje en sí sino el uso de tal lo que me preocupa. Disiento de la idea de un gobierno mundial, la supresión de derechos civiles y soberanía sobre los recursos, y disiento mucho más que el propósito de todas las campañas sea el de culparnos, y que tales atribuciones políticas y civiles sean de nuestra condescendencia (RIO +20 2012).
      No niego la sustentación científica de los cambios climáticos, sino que lo que hay atrás, los actores, el libreto y el director de la obra, pareciera ser el mismo.
      Sugiero escuchar las disertaciones del Economista “descalzo” Manfred Max Neef  y del científico brasileño Luiz Carlos Molion. Ambos brillantes, coherentes y por supuesto, sin cobertura mediática, es decir, sin interés de por medio.
       

  • Patricia Velázquez G.
    29-10-12

    Saludos Sr. Brain, seguimos con éste tema muy importante, aunque espero el próximo artículo para concluir mi punto de vista, por el momento, puedo decir e insistir, que es verdad que las grandes empresas petroleras y las grandes fábricas que subsisten y generas grandes ganancias gracias a éste recurso, no tienen empacho en enriquecerse  a costa de lo que sea, así esté en juego su vida misma y la de los demás, pero yo insisto (perdón por el atrevimiento), en que también nosotros los consumidores somos en gran parte los responsables, porque mientras halla quién compre, habrá quién venda, si nosotros dejamos de comprar y consumir muchos de los productos que su elaboración representa contaminación, y que además no son de primera necesidad, como la aberración de quien tiene un automóvil por cada persona o familiar que vive en un hogar, por poner uno de los muchos ejemplos que hay. Estamos viviendo en una irrealidad consumista, en donde las personas compran todo lo que les ofrecen, los pudientes al contado y los demás en “cómodos paguitos” y por desgracia ya convertimos a los niños y jóvenes en exactas réplicas de nosotros como consumidores, ellos también quieren todo lo que ven, lo que anuncian en la “Tele” , estamos fabricando a  la nueva generación de consumidores para beneplácito de éstas grandes empresas que viven como reyes a nuestras expensas. Dejemos de ser irresponsables, maduremos de una vez por todas, hagámonos cargo de nuestra vida y la de nuestros hijos, porque si ellos tienen ése estatus, es porque nosotros se los hemos puesto en charola de plata. Como siempre le dejo un abrazo fraterno y lo hago extensivo al equipo de “Los Divulgadores.

     

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