Historia de la Biblia VI: El canon cristiano
Los Divulgadores
Así, sin desplazar al antiguo canon de los judíos, apareció una colección de escritos sagrados que se convertiría en el nuevo canon de los cristianos. Historia de la Biblia: El canon cristiano
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    Historia de la Biblia VI: El canon cristiano

    28 Septiembre, 2011 por
    Historia de la Biblia, Jesus muerto con los santos.

    “Lamentación sobre el Cristo muerto con santos”, Sandro Boticelli.

    Este es el sexto capítulo, de una serie de diez, sobre la historia de la Biblia, especificamente del Nuevo Testamento. Hace años me contaron un extraño relato sobre la infancia de Jesús. La historia decía que Jesús, cuando tenía 5 años, tomó un pedazo de barro, lo moldeó y creó 12 gorriones. El pasaje me pareció tan original, que decidí buscarlo en mi Biblia.

    No encontré nada parecido.

    Años más tarde, mientras leía un evangelio apócrifo llamado  “Evangelio de la infancia de Tomás”, me encontré con el extraño pasaje de  los gorriones de barro de Jesús y me pregunté, ¿por qué no está en la Biblia?

    El “Evangelio de la infancia de Tomás” es un evangelio apócrifo. Es decir, para la Iglesia Católica es un relato de autenticidad cuestionable, por no decir falso, que no merece estar en la Biblia. Los evangelios que fueron excluidos del Nuevo Testamento son denominados apócrifos y los que fueron incluidos, canónicos.

    Historia de la Biblia VI: El canon cristiano

    Los primeros 5 libros del Antiguo Testamento de la Biblia constituyen el primer “canon” o colección de libros del cristianismo. Para Jesús y la mayoría de judíos de aquella época, estos escritos sagrados eran la palabra de Dios y se les llamaba “las escrituras”.

    “La Comunión de los apóstoles”, Fra Angelico.

    Jesús, durante su ministerio público, dijo que él predicaba con una autoridad igual a la de las antiguas escrituras y no menor. Quizás por esto, luego de su muerte y supuesta resurrección, sucedió un fenómeno singular.

    Las palabras de Jesús, recogidas por la tradición oral, empezaron a ser citadas por las primeras comunidades de cristianos en sus reuniones y con el tiempo tomaron un lugar al lado de las escrituras antiguas, como si fueran también “palabras de Dios”. Al inicio circularon oralmente, de persona en persona, y luego se compilaron en escritos que en los que se mezclaban con diferentes episodios de su vida. Así nacieron los evangelios que tenemos en nuestras Biblias.

    En paralelo a estas narraciones de la vida de Jesús, aparecieron también interpretaciones de su mensaje escritas en forma de cartas. Un buen ejemplo son las cartas escritas por el apóstol Pablo a diferentes comunidades de cristianos.

    Así, sin desplazar al antiguo canon de los judíos, apareció una colección de escritos sagrados que se convertiría en el nuevo canon de los cristianos.

    Justino Mártir, apologista cristiano del siglo II, nos cuenta que en las ceremonias dominicales de su tiempo, realizadas en la clandestinidad, ya se leían algunos evangelios.

    Las despiadadas persecuciones a los cristianos emprendidas por los emperadores romanos tuvieron también una influencia importante en el desarrollo del canon.

    Bruce Metzger nos cuenta que en los tiempos del emperador romano Diocleciano, alrededor del año 305, en medio de una de las más sanguinarias represiones a los cristianos, la policía imperial tocaba a la puerta de un cristiano y le ordenaba que entregara sus libros sagrados. Para el cristiano, este hecho se convertía en un terrible dilema existencial. ¿Cuál evangelio debo entregar sin incurrir en sacrilegio? ¿Cuál debo esconder y proteger para la posteridad? ¿Por cuál estoy dispuesto a sufrir?

    Para Metzger, la persecución de Diocleciano eliminó aquellos escritos que no eran considerados tan valiosos para los cristianos, sentando una base para lo que años después sería el canon de la Biblia católica.

    “La conversion de Constantino”, Peter Paul Rubens.

    En el año 312, el emperador romano Constantino I, en un episodio que más parece obra del azar que del Espíritu Santo, decidió convertirse a la fe católica cristiana. Específicamente, se convirtió a aquella que tenía su base en Roma y que, como vimos en la entrega anterior de esta serie, representaba al grupo de los “proto-ortodoxos”.

    Un año después, en el 313, Constantino I promulgó el Edicto de Milán, que establecía la libertad de religión en el imperio romano, dando fin a las persecuciones contra ciertos de grupos religiosos, particularmente contra los cristianos.

    El Códice Vaticano y el Códice Sinaítico, las colecciones de manuscritos de la Biblia más antiguas que conocemos, fueron escritos, muy probablemente,  después del Edicto de Milan,  alrededor del 350 d.C.

    Posteriormente, en el 380 d.C. Teodosio I el Grande mediante el Edicto de Tesalónica  instituyó al catolicismo como la religión del Imperio. En este momento, los “proto-ortodoxos” se convierten en la ortodoxia cristiana, se autodenominan como la Iglesia Católica Apostólica Romana y empiezan a llamar “hereje” a todo aquel que se opusiera a su doctrina, la doctrina correcta.

    La persecución había terminado pero no para todos los cristianos. La recién instituida Iglesia Católica, con la ayuda del Emperador, suprimió las comunidades cristianas que tenían una doctrina diferente de la suya y trató de eliminar toda evidencia de su existencia. Así empezó el monopolio de la fe.

    El siguiente paso de la Iglesia Católica fue uniformizar la doctrina hasta en el más mínimo detalle, de manera que fuese impenetrable, y para eso se necesitaba una lista de los escritos que ellos consideraban como verdaderos y dignos de ser leídos por los fieles, así como una lista de aquellos que debían ser eliminados. En el primer Concilio de Constantinopla realizado en el año 381 d.C., se discutió si Jesús era Dios, si tenía alma, si era humano o divino, o si era más o menos poderoso que la paloma del Espíritu Santo. Al final del concilio se decidió que Jesús era parte de la Santísima Trinidad (un tema que merece un artículo aparte) junto el Padre y con el Espíritu Santo. Dios es un ser único que existe simultáneamente como Jesús, como el Padre y como el Espíritu Santo. Para sellar el asunto, la Iglesia instituyó, en ese mismo concilio, el credo niceno-napolitano más conocido por sus primeras palabras:  “Yo creo en dios todopoderososo…”.

    Busto del emperador romano Constantino I.

    Finalmente, en el año 382, en el Concilio de Roma y durante el papado de Dámaso I, se estableció el canon del Nuevo Testamento. Los libros incluidos en el canon del Nuevo Testamento son los mismos que han llegado hasta nuestros días. La Iglesia Católica estableció que los escritos que habían sido excluidos eran falsos. Existen alrededor de cincuenta escritos apócrifos.

    Según Metzger, los criterios que debían cumplir los escritos para ser incluidos en el canon eran tres:

    • El escrito tenía que ser congruente con la particular interpretación del mensaje de Jesús de la joven Iglesia Católica.
    • El escrito tenía que provenir, directa o indirectamente, de algún apóstol.
    • El escrito tenía que haber sido aceptado por la mayoría de comunidades asociadas a la incipiente Iglesia Católica.

    Ireneo de Lyon, obispo de la ciudad de Lyon en el siglo II, en un comentario realmente desafortunado, afirmó que los cuatro evangelios por él defendidos eran los cuatro pilares de la Iglesia, y que no podían ser más o menos de 4 pues, así como hay cuatro vientos y cuatro puntos cardinales, sólo pueden existir cuatro evangelios.

    Felizmente no escogió las 3 puntas del triángulo porque sólo hubieran sido incluidos tres evangelios.

    Pero aun así, los problemas seguían apareciendo en el camino de los escritos del Nuevo Testamente. En el proximo capítulo, la primera Biblia, la Vulgata Latina.

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    Alan Brain

    Comunicador audiovisual e investigador independiente. En Los Divulgadores, Alan Brain cubre los rubros de astronomía, ciencia, estudios bíblicos y extraterrestres, entre otros. “Un divulgador necesita ser, al mismo tiempo, un investigador exhaustivo, un traductor riguroso y un buen narrador.” @alanbrain.

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