El cazador de manuscritos de la Biblia
Los Divulgadores
Lobegott Konstantin Von Tischendorf fue predestinado para convertirse en el más importante descubridor de manuscritos del Nuevo Testamento. El cazador de manuscritos
    El Codice Sinaítico es la copia existente más antigua de la Biblia. Fue escrito a mano en griego alrededor del  siglo IV y fue descubierto
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    El cazador de manuscritos de la Biblia

    1 agosto, 2011 por
    Biblia Códice Sinaítico

    El Códice Sinaítico es la copia existente más antigua de la Biblia. Fue escrito a mano en griego alrededor del siglo IV, y fue descubierto por Von Tischendorf en 1859.

    Lobegott Konstantin Von Tischendorf (Alemania, 1815-1874), aunque parezca extraño, fue predestinado para convertirse en el más importante descubridor de manuscritos del Nuevo Testamento y uno de los más eminentes estudiosos de La Biblia.

    Todo empezó el día en que su madre, estando embarazada, se cruzó por las calles de Legenfeld con un hombre ciego. Desde ese día, siguiendo una superstición de la época, se atormentó pensando que Konstantin nacería ciego. Tal fue su obsesión con la ceguera de su futuro hijo que cuando dió a luz y comprobó que el niño podía ver, decidió dedicárselo a Dios poniéndole el inusual nombre de “Lobegott”, que en alemán significa “adorar a Dios”

    A los 19 años Konstantin se convirtió en uno de los discípulos del famoso especialista en gramática griega Johan Winner, con quien estudió en la ciudad de Leipzig. Winner le mostró la posibilidad de reconstruir el texto del Nuevo Testamento en su versión más cercana a la original basándose en el análisis de los manuscritos griegos más antiguos. Por aquellos días Konstantin le escribió a su novia:

    “Estoy enfrentado a una misión sagrada, la lucha por recuperar la forma original del Nuevo Testamento”.

    Para Konstantin aquello se convirtió en su vida, algo así como una tarea divina que le había sido encomendada por Dios. En su libro ¿Cuándo Fueron Escritos Los Evangelios? escribió:

    “Se ha establecido sin ninguna duda, que el texto original de los escritos de los apóstoles, que ha sido copiado, duplicado, y multiplicado durante 15 siglos, ya sea en griego o en latín, o en otros idiomas, ha tenido en muchos pasajes modificaciones de significado tan serias como para dejarnos en una dolorosa incertidumbre sobre lo que los apóstoles realmente escribieron”.

    “En 1839, decidí, dedicarme al análisis de los textos del Nuevo Testamento, usando todos los hallazgos de los tres últimos siglos, para reconstruir, si es posible, el texto exacto como fue escrito por los escritores sagrados”.

    Lobegott Friedrich Constantin Von Tischendorf (1815 – 1874)

    Impulsado por su fe, con 25 años, y con muy pocos recursos económicos emprendió un viaje por Europa y el Medio Oriente para ver con sus propios ojos los manuscritos existentes. Recorrió las bibliotecas de Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania, Italia, Egipto, Libia, y Grecia, entre otras. Examinó y analizó los textos de los manuscritos que encontró, y publicó sus investigaciones.

    Lo que lo hizo reconocido entre los estudiosos de la época, fue el rescate del texto del Códice Ephraemi. En la Biblioteca Nacional en Paris, Konstantin Tischendorf examinó el Códice Ephraemi, un manuscrito del siglo V escrito en griego que aún nadie había podido leer pues en el siglo XII sus paginas habían sido borradas y escritas de nuevo con otro contenido. Tischendorf utilizando una serie de químicos especiales logro rescatar el texto original y lo interpretó.

    Konstantin Tischendorf descubrió manuscritos bíblicos antiguos de origen sirio, griego, cóptico y árabe, pero su logro más importante, fue encontrar el manuscrito bíblico completo más antiguo que se conoce hasta ahora, el famoso Códice Sinaítico. El mismo Konstantin lo relata en su libro ¿Cuándo Fueron Escritos Los Evangelios?

    “Fue en Abril de 1844, cuando me embarque en un viaje a Egipto. El deseo que tenia de descubrir algunos preciados restos de manuscritos, específicamente bíblicos, de una antigüedad que nos remontara a los primeros años de la Cristiandad, se hizo realidad más allá de mis expectativas. Fue a los pies del Monte Sinaí, en el Convento de Santa Caterina, que descubrí la perla de todas mis investigaciones. Visitando la biblioteca del monasterio, en mayo de 1844, percibí en la mitad de una gran sala, una larga y ancha canasta llena de viejos pergaminos, y el bibliotecario, quien sabia de lo que hablaba, me dijo que dos montones de papeles como esos, descompuestos por el tiempo, habían sido echados al fuego. Cual fue mi sorpresa al encontrar entre este montón de papeles una cantidad considerable de paginas de una copia del Antiguo Testamento en griego, que a mi parecer, era una de las más antiguas que jamás había visto”.

    Konstantin fue amigo de Robert Schumann y del compositor Felix Mendelssohn, quien le dedicó una canción.

    Konstantin logró llevarse, con el permiso de los monjes, una tercera parte de los pergaminos que encontró. Además le pidió a los monjes que guardaran las otras dos terceras partes de pergaminos del Antiguo Testamento que había visto y que cuidaran los pergaminos que pudieran caer en sus manos en el futuro.

    Konstantin regresó a Europa y decidió mantener en secreto el lugar donde había encontrado los pergaminos, pues planeaba volver en busca de los pergaminos que se había visto obligado a abandonar.

    En 1853, nueve años después del descubrimiento, Konstantin volvió al convento de Santa Caterina en Egipto para copiar los pergaminos pero no los encontró. Escondido en un rollo de papeles halló un pequeño fragmento de un pergamino escrito por ambos lados que contenía once líneas del Génesis, y esto convenció a Konstantin de que los pergaminos que buscaba, aquellos que había abandonado en 1844 y que contenían el Antiguo Testamento, ya habían sido quemados.

    En 1859, financiado por Alejandro II, Zar de Rusia, Konstantin regresó al convento a los pies del Monte Sinaí. Esta vez, gracias al auspicio del Zar los monjes se presentaron más dispuestos a colaborar. Tischendorf pasó varios días buscando el preciado manuscrito sin ningún éxito pero un día antes de partir hacia el Cairo, cuando ya le había pedido a los Beduinos que prepararan sus camellos, sucedió lo inesperado.

    “Aquella tarde, estaba caminando con el administrador del convento, y mientras regresábamos hacia el ocaso, él me pidió que tomáramos un refresco en su celda. Apenas entramos al cuarto, él retomo la conversación y dijo: “Y yo, también he leído una copia del Septuaginto (versión griega del Antiguo Testamento), y diciendo eso, tomó de la esquina del cuarto un volumen grueso envuelto en una tela roja, y lo puso frente a mí. Retire la cubierta y descubrí, para mi gran sorpresa, no solo esos fragmentos que quince años atrás había sacado de la canasta, pero también otras partes del Antiguo Testamento, El Nuevo Testamento completo, y La Epístola de Barnabas y una parte del Pastor de Hermas. Lleno de alegría, que esta vez tuve que ocultar del administrador y el resto de la comunidad, pedí, sin darle mucha importancia, si podía llevar el manuscrito a mi habitación para leerlo con mas libertad, ahí podía darle salida a la alegría que me embargaba. Sabía que tenía en mis manos el más preciado tesoro Bíblico existente, un documento cuya edad e importancia excedían las de todos los manuscritos que había examinado durante 20 años estudiando la materia”.

    La mayor parte del Codíce Sinaítico se encuentra en la Biblioteca Británica.

    Tischendorf lo llevó a su cuarto y pasó la noche leyendo y copiando el texto. En su diario, que llevaba en Latín, escribió:

    “Quippe dormire nefas videbatur” – Seria realmente un sacrilegio dormirme.

    A la mañana siguiente Konstantin pidió permiso para llevarse el manuscrito, pero los monjes no accedieron pues el padre superior del monasterio había partido hacia el Cairo dos días antes, y era él quien podía otorgar el permiso. Tischendorf inmediatamente partió con su caravana de camellos hacia el Cairo y alcanzó al padres superior obteniendo su permiso. El padre superior envió un beduino en camello desde El Cairo hacia el monasterio en busca del manuscrito. El 24 de Febrero de 1859 Tischendorf recibió el manuscrito que decidió llamar, “El Códice Sinaítico”, y empezó a copiar sus más de 100,000 líneas.

    En 1869, El Emperador de Rusia, le otorgó el rango de noble ruso, convirtiéndolo en Konstantin “Von” Tischendorf. El Codice Sinaítico fue otorgado a la Biblioteca Imperial de San Perterburgo y luego fue vendido a la Biblioteca Británica. Su obra maestra, fue la “Edición Critica del Nuevo Testamento” donde trató de acercarse al texto original de los escritos, analizando y comparando los manuscritos más antiguos existentes. Esta obra es considerada aún hoy en día, como una de las obras de referencia en la materia. Su octava y ultima edición, de 1869-1872, incluyó el Códice Sinaítico como parte de los manuscritos utilizados.

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    Alan Brain

    Comunicador audiovisual e investigador independiente. En Los Divulgadores, Alan Brain cubre los rubros de astronomía, ciencia, estudios bíblicos y extraterrestres, entre otros. “Un divulgador necesita ser, al mismo tiempo, un investigador exhaustivo, un traductor riguroso y un buen narrador.” @alanbrain.

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